martes, 10 de mayo de 2011

Mariposa Negra

Estaba tendida sobre mi cama. Sin más, veía con extrañeza e techo de mi habitación. Blanco. De tirol. Apresuradamente entro una sombra, que sobrevoló todos mis libros y la pequeña televisión que rara vez estaba prendida. Se posó en el piano eléctrico y camino una octava exactamente. Yo sabía que en realidad no era una octava. Era como Chopin, estaba tocando su marcha fúnebre. Era ella otra vez.

La Mariposa Negra entonces se volteó a verme, sentía su cansada mirada y sabía que ella estaba contenta de que nos volviéramos a ver. Yo no lo estaba en absoluto.

Ahí, otra vez, aunque yo en cualquier otro caso hubiera sabido que ella era mensajera nada más. Se posó en la misma esquina de la última vez. En silencio, como siempre. No me pude contener y me reí a carcajadas.

Me quedé mirándola. La llamaría contraste. Cuando contraste me dijo la última vez, que cuando la viera no imaginara cosas le había hecho caso, y no lo había vuelto a hacer. Pero eso siempre me resultó difícil.

Yo soy esquizofrénica. O bueno, eso dicen, yo sé bien que eso no es cierto. Y también se bien que Contraste tiene la culpa de todo. Por eso me levanto de mi cama y salto para alcanzar a contraste, así como la última vez. No dejaré que contraste mate a otra persona, lo haré yo primero.

¿Por qué contraste está escapando? Está volando, quiere volar lejos. Yo le digo entonces que yo también quería volar mucho muy lejos.


Pero yo no podía, ¿Verdad que no contraste?

Y tu menos podrás. Ahora tengo a contraste en mis manos, siento como agita sus alas, no va a poder usarlas otra vez, no contraste no va a matar a ningún otro de mis seres queridos. Ni a los seres queridos de mis amigas. Y le arranco una ala a contraste. ¿Adipsia se enamorará de mí? No no es suficiente aún. Le arranco la otra. ¿Adipsia se enamorará de mi? No, todavía no, la aplastaré.

Mi asesinato y venganza han sido un éxito, escucho las felicitaciones de eosinofílica y de prurígena. Escucho el "Bien hecho Adenia" La venganza ha sido completada por ahora. Pero Contraste puede regresar. Todavía no cantaremos victoria.

Me vi interrumpida por mi madre, que me dice que ya es tiempo de ir al colegio. Veré a Adipsia, el amor de mi vida. Eso siempre me hace feliz. Ella siempre me hace feliz, aunque ella no conoce mi rostro.
Tomo mi bolsa, me despido de eosinofílica y prurígena y cierro la puerta tras de mi. El cuarto entonces queda vacío.

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