martes, 20 de marzo de 2012

Bromas pesadas del tiempo y el espacio.

¿Y ahora qué?

¿Qué se supone que hago en esta clase de emergencia? ¿Corro en dodecaedros? ¿Maldigo tu nombre? ¿Voy a buscarte? ¿Lloro otro río?


¿Vuelvo a deprimirme?


No sé cómo haz vuelto a entrar, o el porqué de est jugarreta cruel de la vida, pero, si te sobrevivo ésta vez, si lo consigo al son de ls nots del Réquiem para la princesa, habré de seguir.


Pero si no...

sábado, 25 de febrero de 2012

Alguien que se ha ido

Con los ojos azules bien abiertos, Lía suspiró profundamente. Estaba sudando mucho al tiempo que  jugaba con su cabello.  El cuerpo le temblaba entre escolofríos y violentaas convulsiones provocadas por el hipo. En serio ya no sabía qué hacer. 

¿Cómo podías amar a alguien a la fuerza? Esto no parece algo posible... ¿o sí lo es?

El extraño ser soltó otro gruñido que hizo saltar a la joven y derramar una espesa y enorme lágrima. Era joven y feliz ¿por qué las cosas malas y bizarras siempre le ocurrían a la gente joven y feliz?

Intentó caminar pero el espírito le enseñó los afilados colmillos y escupió algo que bien podría haber sido sangre. Lía se congeló del miedo y se abrazó a sí misma.

"Entonces, bella joven ¿qué dices?" Vociféro el repugnante espíritu haciendo una mueca que probablemente era traducida en una sonrisa humana. Su voz era como escuchar a un bebé llorar, un violín muy desafinado, a tu novia histérica armar una escenita púlica y a tu madre llamarte por tu nombre completo, todo al mismo tiempo. Tenía una postura que le daaba un aspecto entre amenazaador e hilarante. Su fisonomía (si es que así podía llamarle) era gotesca. La grande cabeza calva en algunas partes estaba arrugada y tenía dos enormes ojos que veían sólo con una diminuta pupila. Su naríz era mas o menos humana y su cara, afilada y en los huesos la hacía parecer pequeña, lo m´s desagradable era su boca, llena de dientecitos afilaados y con dos largos colmillos hacia arriba, como los de un jabalí y llenos de sangre.  Su torso estaba en los huesos también y sus manos retorcidas como en una artritis extrema terminaban en largas uñas amarillas y sucias,pero no garras. Extrañamente su estómago estaba inflado a lo grande, como si estubiese embarazado pero de una cosa Lía estaba segura, fuera lo que fuera esa abominación, no podía embarazarse.  Al final, sus piernas era huesudas y estaban retorcidas con largas uñas en los cómicos piececitos, dándole un aspecto anfibiesco.

En realidad, esa cosa era repugnante y a Lía no le agradaba en absoluto que estubiera en su habitación, mirándole y amenazándola a mitad de la noche y en día de escuela.

En silencio ambos esperaron al otro, ella a que se fuera y ése bizrro visitante a que Lía lo invitase a quedarse.

Para siempre.

martes, 14 de febrero de 2012

¿No era ése el final?

La calida y tenue luz de la lámpara que estaba en la mesa al lado de su cama estaba brillante como nunca, y el suave murmullo del fuego era relajante. No se escuchaba nada más aparte de la tímida respiración de la princesa cisne.

Abrió lentamente los ojos, se frotó la cara con las manos, se sentó en su cama y se estiró como cisne, a fin de cuentas, le gustaba extendes sus alas.

Sus alas.


Dió un brinco ¿qué le había ocurrido? Un halo de luz, como alas cubría parcialmente sus brazos.


¿estaba transformandose en cisne? ¿Al amanecer?


Luego dió un salto. Su último recuerdo, en la fría y cruel nieve teñida de rojo era todo lo que tenía. Estaba segura; no había regresado a su cabañita en el bosque por su cuenta, entonces ¿cómo lo había logrado?


Su punk. Pensó y sonrió ¡Sí había ido tras ella a salrvarla y procurarla!


Animada se levantó y buscó su capa negra, pero no estaba, alguna de sus pertenencias, pero se las había llevado todas, una nota; y tampoco hubo suerte. ¿Su punk al fin agradecía el anonimato?


De pronto, escucho pasos en su cuarto de  piano (el cual había sido llevado por ella misma con un hechizo de fuerza y la ayuda de Friedich; un mayordomo y gran amigo el cual prometió mantener su secreto) y decidió averiguar si los animales aún estaba ahí, pero al entrar no encontró los ciervos de siempre, ni al punk de siempe. La sorprendió su visitante.


-Su majestad, al fin despertó. Son buenas noticias.

martes, 7 de febrero de 2012

El epílogo que deseaba serlo, pero que no lo fue.

Ya no llevaba la nueva capa, llevaba la capa que tomó de su castillo en el lago, la que no la cubría toda y que no era totalmente negra.

Traía puesta la capa con la que sentía perpetuo frío, la que usó cuando se lanzó al bosque lejos de todos los lujos que poseía. La que usó cuando se escapó del filósofo.

Estaba huyendo otra vez, estaba arrastrando los pies.

¿En qué momento había empezado a nevar?

El cabello con brusquedad se le pegaba a la cara, dándole golpes leves, casi olvidando que en realidad, ella era LA princesa y que no deberían tratarla sin cuidado. Corrió, con el único pensamiento de "Quiero escapar de aquí".


Era tan cobarde como el filósofo, entonces quería huir, así como había hecho él al abandonarla.

Tenía miedo de sus problemas, ya no quería enfrentarlos. Se consumía en sí misma y padecía de un dolor insoportable. Quería tomar el camino fácil, ahora más que nunca.


De repente, cayó sobre la fría nieve, su vestido blanco apenas la cubría, los brazos llenos de heridas mancharon la nieve de rojo. Rojo sangre.


¿Luego qué hizo?


Tranquilamente cerró sus ojos, esperando la misericordiosa muerte, para recibirla como una vieja amiga.



viernes, 13 de enero de 2012

Episodio de maliciosa bondad.

La princesa y el punk caminaron entre la gente. Ella se sentía contenta de sostener su mano, y era encantador cómo se esforzaba él por tomarla con la mayor delicadeza posible.

Había perdido la costumbre de andar entre muchas personas. Desde que el filósofo se fue, sen encerró en ella misma y en su amado bosque acompañada únicamente por los animales que se cruzaran en su camino.

El, por otro lado, estaba sumamente acostumbrado a estar entre tantas personas, lo tomaba con naturalidad y tranquilidad. Esquivando con agilidad a las personas no podía evitar jalar un poco a la frágil princesa. Incluidas sus grandes zancadas comparadas con los pasitos de bailarina de ella, parecía ser que era aún más pequeña.

Ella estaba cubierta, aunque no con su vieja capa, traía puesta una negra, que la cubría totalmente. Usaba el gorro como precaución, porque no quería ser reconocida como la triste princesa cisne, aunque aún no sabía con qué reemplazaría ése título.

En uno de los grandes y apresurados movimientos del chico un pequeño niño que vendía calcomanías tiró su burda mercancía. Iba a continuar caminando, como él, pero no lo consiguió.

Tímidamente tiró de la mano de su acompañante y él, preocupado volteó a ver qué ocurría con su preciosa gema. Lo que miró lo hizo sentirse inexplicablemente feliz y enfermo.

Ella se había agachado a recoger los cosas, junto al niño. Ahí estaba, hincada en el piso, regalándole no sólo una moneda al pequeño, si no que también una de sus sonrisas. De ésas que brillaban como la primera luz de la mañana.

Terminando su buena y desinteresada obra, revolvió el cabello del niño y dijo adiós con la mano, y sonrió hacia el chico del que ahora estaba enamorada.  El la miró con sus claros ojos bien abiertos con una cara totalmente sorprendida.

Débilmente musitó " Eres muy buena"

Los dos se miraron como extraños y siguieron su camino tomados de la mano, sin pronunciar palabra, sólo saboreando el silencio y el momento que a ambos les metió a la cabeza la pregunta...

"¿Y si no soy suficiente?"

domingo, 18 de diciembre de 2011

Despertar.

La princesa se sentó a esperar. No estaba acostumbrada a esperar por nadie, y le encantaba ese gesto suyo.

Solía llamarla princesa y luego revolver su cabello. Podía abrazarla cuando le viniera en gana y la princesa no le reprochaba nunca nada.  Era excitante y nuevo pensar en esa nueva relación.

Una relación con un punk, hecho y derecho. El reclamaba sentirse especial por tener a alguien como ella por novia, y ella igual.

Eran de mundos distintos.

La princesa podría estar horas sentada admirando el cielo, y el disfrutaba dando conciertos. Ella era la tranquilidad andando y el... todo lo contrario.

Sus platicas eran impresionantes, estaban impregnadas de enorme y profundo conocimiento. El era el empírico y ella el racional. Las vivencias de él eran el triple que las de la Princesa Cisne y la maravillaba eso.

Siempre tenía una historia que contar.

El nunca dejaría que le hiciera daño. La trataba con una delicadeza que no se parecía a nada que ella hubiera experimentado antes. Estaba lleno de pasión, de locura y de emoción.

Era emocionante y seductor.


La princesa se miró las suaves manos. "¿y yo? ¿yo qué soy?"

Sus últimas relaciones habían sido con "niños buenos". Con gente que no decía majaderías, que era delicado y pomposos comentarios.Chicos débiles, ingenuos dulces y refinados. En su lugar el era una explosión de adrenalina y fuego.

Ella se sentía cómoda así pero... ¿en verdad le gustaba eso?.

¿Qué era lo que la princesa quería?

sábado, 17 de diciembre de 2011

Kissing the rock star.

La princesa despertó, en la madrugada, como solía hacerlo frecuentemente. La hora; no la conocía ni pretendía conocerla. Se masajeo un poco la ya a punto de cicatrizar herida de la espalda y se levantó. Aún pasaba la noche en aquella choza del bosque que construyó cuando abandonó el castillo y todo su confort.

No era como si no le gustase, de hecho se encontraba realmente contenta gastando casi todo su tiempo con ella misma, era algo muy terapéutico. Sí, gastaba casi todo su tiempo consigo misma.

Y con él.

Como un flash el recuerdo de él vino a su mente y ella no pudo evitar sonreír ligeramente. Se acercó a la mesa y recargó una mano sobre ésta. Parecía agotada.

Estaba sumida en sus dulces y sobre todo, excitantes pensamientos cuando sintió un profundo dolor en el pecho. El dolor era tan profundo que se hincó en el suelo de repente en una convulsión  violenta y terrorífica..


El filósofo estaba haciéndolo de nuevo.


El dolor se hacía menos intenso cada vez hasta que se detuvo en seco. Aguardó unos segundos y tímidamente miró hacia el cielo. No se percibía gran parte de él, la espesura de los árboles no se lo pemitía. Justo por eso aguardaba en el bosque, para sentirse segura y poder evitar una confrontamiento directo.


La guerra la tenía agotada, todo era muy diferente ya, y ella a penas podía acostumbrarse a hacerle daño y llamar enemigo a alguien como lo había sido él.


Intentaba ser cruel, y eso consumía gran parte de su energía, si no era que toda.

Regresó a la mesa y se sentó.

Aún le dolía... Como antes volvió a la cama y fingió estar dormida.